Oreste Plath en la pista de lo vivo

Juan Antonio Massone del Campo

 

Discurso con motivo de la rotulación de una Sala de la Sede Cultural de la Municipalidad de El Bosque, el 20 de noviembre de 1998.

Seis años han pasado desde aquella tarde de noviembre de 1992, cuando acompañamos a Oreste Plath, convocado entonces por esta Municipalidad encabezada, como hoy, por don Sadi Melo Moya, quien le confirió la dignidad de hijo ilustre de esta comuna.

Este sexenio transcurrido,que incluye el viaje postrero de nuestro autor y amigo, no es óbice para que hoy las autoridades de El Bosque insistan en la fidelidad de reconocer la ímproba labor cultural de un hombre especialmente trabajador, especialmente afectuoso que se identificó con la cultura popular, erigiéndola en materia de su predilección. En ella advirtió un modo de ser convivencial, un despliegue de los dones de ingenio, expresividad, mimetismo y funcionalidad según las circunstancias que le corresponde; circunstancias adversas muchas veces, de las cuales el pueblo saca a relucir vigores, apenas verosímiles, en virtud de los cuales lega creaciones e ingenios por doquier.

Oreste Plath exaltó la encarnación de lo vivo que hace del pueblo anónimo un protagonista imaginativo y sensible, capaz de transmitir un mensaje fundamental: la existencia en todas sus fases y facetas. De ésa arrancan motivos de expresión, oportunidades de conjugar muchos verbos del tiempo que gotea cada día y que le brinda amor y tribulaciones, fiesta sagrada y profana, curiosos repliegues idiomáticos, así como también habítalo de invenciones alimentarias, de juegos y plegarias, placebos y canciones en los que hace crecer la poliédrica sintaxis de vivir, en suma, encarnación de afectos y de respuestas a las mil solicitaciones en las que el ser experimenta concordia o acritud entre anhelos y oportunidades de satisfacerlos.

Nuestro folklorólogo mostró el pueblo vivamente, ajeno al estilo del entomólogo y al del experto en taxidermia privilegió el pulso y la respiración del hombre y de la mujer de carne y alma en sus paradojas y actitudes controversiales, siempre sorprendentes. Y esa tarea es suficiente de calificarse con altos epítetos. Porque es preciso vivir, despierto y sensible, como lo hiciera Oreste Plath, para que Las materias de estudio no se anquilosen o duermen en nebuloso estado de coma.

De aquella tarde evocada en el principio de estas palabras no disponemos de cómputos de ausentes o de compañías ahora renovadas. De verdad, para la recientemente nacida Corporación Oreste Plath, el 24 de julio del año en curso, este momento que, por decisión de la Municipalidad del El Bosque, rotula una sala de su sede cultural con el nombre del estudioso, constituye mucho más que la satisfacción volandera de un regocijo y, sí, motivo de alegría perdurable, pues dependencias como éstas contarán con la vida de muchos, ojalá con el cuidado y cariño necesarios para su conservación e incremento, acompañados de la mirada inspiradora y chilenísima de quién seguirá comprometiendo nuestra gratitud, nuestro cariño y nuestro reconocimiento.

Al concluir estas palabras reitero, en nombre de la Corporación Oreste Plath, el afecto y parabienes por este iniciativa al señor alcalde don Sadi Melo y, por su intermedio, a todos quienes trabajan en la concreción de un proyecto cultural mayor. ¿Qué hubiera dicho el agasajado en esta oportunidad? Pues más justo e intenso que yo habría aseverado: "Todo esto es de asombro".

 


© SISIB - Universidad de Chile y Karen P. Müller Turina